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¿Hace falta saber leer partituras para tocar el piano?

No, no hace falta saber leer partituras para tocar el piano. Y conviene conceder de entrada lo que la otra parte tiene de razón: hay quien toca de oído mucho mejor de lo que tú tocarás nunca leyendo, se lleva haciendo así siglos, y la tradición de la que salió casi toda la música que la gente canta de memoria nunca necesitó una hoja de papel. Nada de lo que viene después le quita a eso ni una coma. Así que la pregunta que sirve no es si hay que leer, sino qué te da a cambio cada camino.

¿Cómo se toca sin papel?

Tocar de oído es la vía más antigua que hay. Escuchas, buscas en las teclas, te equivocas, vuelves a buscar y un día sale. Arsenio Rodríguez se quedó ciego a los siete años y compuso su bolero La vida es un sueño sin más ayuda que el oído, buscando en las cuerdas del tres, que era su instrumento, lo mismo que tú buscas en las teclas. Un oído hecho a base de años de buscar cuesta tantos años como leer, y a veces más.

El cifrado va por otro lado y es igual de legítimo. En vez de leer nota a nota, lees «Do, Lam, Fa, Sol» encima de la letra y repartes tú esas notas entre las dos manos. Si acompañas a alguien que canta, o si quieres sacar Bésame mucho, de Consuelo Velázquez, del cancionero para el cumpleaños de tu madre, el cifrado es la herramienta que toca. Hay pianistas que se ganan la vida sin leer otra cosa.

Después llegaron los tutoriales, los vídeos de notas que caen hacia el teclado y las apps que van encendiendo la tecla siguiente. En una tarde te ponen algo reconocible entre las manos, y para un adulto que vuelve al piano esa sensación de estar tocando ya la primera semana es a veces lo único que impide que el instrumento acabe siendo un mueble con fotos encima. Y sigue funcionando el más viejo de todos: alguien que ya toca se sienta a tu lado y te coloca los dedos.

¿Qué añade leer?

Independencia. Eso es lo único que añade, y no es poco. El tutorial existe solo si alguien se molestó en grabarlo. Un arreglo sacado de oído llega hasta donde llegue tu escucha ese año. La página impresa, en cambio, es el registro más completo que tiene una pieza: qué teclas, cuándo entran, cuánto duran y cómo agrupó el compositor la idea, con sus ligaduras y sus silencios. Y de esas páginas hay siglos.

Un tutorial se graba si la pieza le interesa a bastante gente. Una partitura existe porque alguien la imprimió una vez, y con eso basta.

En concreto: esta noche te apetece una de las Canciones y danzas de Mompou, de esas lentas que tienen más aire que notas. No cuentes con encontrar un tutorial de esa. La partitura, en cambio, lleva décadas impresa y sigue ahí, esperando. La pones en el atril y empiezas, y no tiene que participar nadie más.

Conviene decir la otra mitad sin maquillar. Aprender a leer de adulto es lento, y al principio es humillante: cuentas las líneas con el dedo, en voz baja, a los cuarenta y cinco años, y tardas en llegar al nombre lo que tardarías en tocar el compás entero. Si prefieres plazos a ánimos, están mirados con calma en cuánto se tarda en leer partituras, y el orden en que conviene aprenderlo está en cómo se aprende a leer partituras.

¿Dónde vive la música que quieres tocar?

Casi nadie elige una sola cosa. Lo normal es mezclar: leer las piezas que se te resisten y sacar de oído las que ya llevas dentro. Y las dos se ayudan más de lo que parece. El oído te avisa de que lo que acabas de leer suena raro antes de que te dé tiempo a pensarlo, y la lectura te explica por qué aquel acorde que encontraste a tientas funcionaba tan bien. Si estás volviendo al piano después de muchos años, ese ir y venir está contado con más detalle en volver a leer partituras de adulto.

De modo que la decisión depende de una sola cosa, y es una que solo puedes mirar tú. ¿Dónde vive la música que quieres tocar? ¿En las grabaciones que pones por casa y en las canciones que ya te sabes cantar enteras? ¿O en el libro de música de cine que te regalaron y no has abierto, y en las fotocopias que tu hija trae de la escuela de música?


Escrito por quien hizo Notalune, la app de iOS para que un nombre olvidado no te pare en mitad de la sesión: fotografías tus propias partituras y los nombres aparecen sobre las notas. Nada de esto te pide que dejes de tocar de oído: es para la noche en que la pieza que quieres solo existe en papel y hay un compás que se te atraviesa. Cuando no lo tiene claro, prefiere dejar la nota en blanco antes que adivinar. Y el día que quieras leer sin ayuda, un toque los esconde todos. Más guías en Aprender · dudas: support@notalune.com.