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¿Cuánto se tarda en aprender a leer partituras?

No hay una cifra honesta, y quien te promete leer partituras en ocho semanas está adivinando. Hay que separar dos cosas que comparten nombre. Una es nombrar las notas de un compás cuando te paras a pensarlo. La otra es leer a tempo, sin pararte, una página que no has visto nunca. Entre ellas hay la misma distancia que entre deletrear y leer el periódico en el metro, y las dos se llaman leer música. Así que la pregunta no tiene respuesta hasta que digas cuál de las dos es la tuya. Lo que sí se puede decir es qué hace que la lectura avance. Casi todo son hábitos.

Lo que nadie puede calcular

La meta la pones tú, y eso ya lo cambia todo. Nombrar cualquier nota parándote a pensarla, sacar una pieza fácil leyendo la partitura y leer a primera vista sin detenerte se llaman igual y son tres sitios distintos, separados por años.

Después están las circunstancias, y ahí no hay dos casos iguales. Un niño con clase semanal, y con alguien al lado que le corrige la mano cuando la pone mal, no está en el mismo sitio que un adulto que estudia solo y se sienta los días que el trabajo le deja. Un cantante lee una sola línea. Un pianista lee dos pentagramas a la vez, y el de abajo, en clave de fa, es casi siempre el que frena.

Y está el repertorio. Una Gymnopédie de Satie, muy lenta, en compás de 3/4, con la mano izquierda saltando del bajo grave al acorde de arriba, pide una lectura distinta de la que pide una página de Goyescas, de Granados, con cinco notas por mano y la melodía trepando por líneas adicionales. Cambia una sola de estas cosas y el tiempo cambia con ella. Por eso un plazo prometido habla del marketing de quien lo promete, y no de ti.

Lo poco que la investigación deja decir

Hay dos trabajos razonablemente sólidos, y ninguno te da semanas. Mishra reunió 92 estudios en un metaanálisis de 2014, en el Journal of Research in Music Education, y concluyó que la lectura a primera vista se relaciona sobre todo con destrezas que mejoran con la práctica, y no con un talento fijo. McPherson siguió durante tres años a 157 principiantes y publicó en 2005, en Psychology of Music, que el progreso se explicaba mejor por cómo piensan los niños mientras leen la notación que por las horas de práctica en sí.

Merece la pena leerlo dos veces: pesa más la calidad de la atención dentro de las horas que el número de horas del reloj. Es una buena noticia por un motivo muy práctico: la manera de estudiar se puede cambiar esta misma tarde, y los años que uno lleva encima no.

Lo que se nota en quien lleva meses sentado

Del plazo no se puede decir nada honesto. De los hábitos sí, y son pocos:

Dos casos se salen de la lista. Si leíste de niño y lo dejaste, no empiezas de cero, y eso cambia las cuentas (volver al piano de adulto). Y si debajo de tu pregunta lo que hay es si puedes tocar algo mientras tanto, sí: leer no es la prueba de acceso a la música, y vas a tocar piezas de verdad todo el tiempo que tardes en aprender a leerlas.

Al principio se cuentan líneas, y es la fase por la que se pasa. Las cuenta todo el mundo, el de siete años y el de cuarenta y cinco, y quien dice que él no contaba miente o se le ha olvidado.

Yo no sabría decirte cuánto tardé. Sé cuál fue la noche. La Gymnopédie nº 1, muy despacio, la izquierda saltando del bajo grave al acorde de arriba compás tras compás, y en la armadura los dos sostenidos, el fa y el do, que llevaba meses mirando sin ver. A mitad de página me di cuenta de que ya no estaba nombrando nada. Estaba tocando. No hubo aviso. Llevaba semanas pasando y me enteré tarde.


Escrito por quien hizo Notalune, la app de iOS para que un nombre olvidado no te pare en mitad de la sesión: fotografías tus propias partituras y los nombres aparecen sobre las notas. Como aquí no hay plazo que valga, lo que cuenta es que los minutos de hoy se te vayan tocando y no contando líneas. Cuando no lo tiene claro, prefiere dejar la nota en blanco antes que adivinar. Y el día que quieras leer sin ayuda, un toque los esconde todos. Más guías en Aprender · dudas: support@notalune.com.