¿Por qué cuesta tanto leer la clave de fa?
Porque son dos mapas distintos para los mismos siete nombres, y llevas años leyendo uno mucho más que el otro. Mira un compás de tus primeras piezas: arriba, ocho corcheas con ocho nombres; abajo, una redonda que ocupa los cuatro tiempos. Ocho contra uno, durante los años en que la lectura se automatizaba. El ojo ha visto las posiciones de la clave de fa una fracción de las veces que ha visto las de arriba. El problema no es la clave, es la interferencia.
Cuando la segunda línea cambia de nombre
La segunda línea del pentagrama quiere decir sol. La ves y el nombre ya está dicho, sin contar nada. Luego llega la clave de fa, esa misma línea pasa a llamarse si, y una posición que tenías resuelta pasa a tener dos respuestas, de las cuales la que llegó antes sale más rápido. Cada nota grave es una carrera entre las dos.
Los siete nombres son los mismos en las dos hojas; cambia dónde cae cada uno, y eso incomoda más que un idioma nuevo, porque todo suena conocido y casi nada está donde crees. Un violinista vive dentro de un mapa, un contrabajista dentro del otro. El pianista lee los dos a la vez, uno por mano, sin parar el pulso para consultar.
El reparto de horas hace el resto. La derecha ha leído melodía página tras página; la izquierda, redondas y acordes quietos tres compases seguidos. Un nombre que ves dos veces en una página y otro que ves cuarenta no se quedan igual (por qué se olvidan las notas).
Cuando no quieras contar líneas
Contar líneas desde abajo aguanta un compás y se hunde en el tercero. Lo que sostiene la lectura son unos pocos sitios fijos donde apoyarse, posiciones que reconoces sin contarlas (cómo conseguir que los nombres se queden). En clave de fa, cuatro bastan.
- Fa, cuarta línea. La clave lo está señalando: los dos puntos del símbolo abrazan esa línea. Es el único nombre que el signo te regala.
- Do central, primera línea adicional por encima del pentagrama. El mismo do que arriba se escribe con una línea adicional por debajo (las notas fuera del pentagrama).
- Do del segundo espacio. Una octava justa por debajo del anterior. Entre los dos does pasa la izquierda casi toda su vida.
- Sol, primera línea. Dos octavas justas por debajo del sol que la clave de sol rodea con su espiral.
Desde esos cuatro, lo demás queda a un paso o un salto corto. En inglés y en alemán, donde las notas se llaman con letras, hay reglas mnemotécnicas para memorizar las líneas. En do re mi no hay ninguna que la gente use de verdad, y se termina igual, reconociendo posiciones. Antes de empezar, busca el fa y el do central con el dedo: tres segundos que te ahorran contar con el pulso en marcha.
Cuando la izquierda por fin tiene algo que leer
Elige para la izquierda música bastante más fácil que la que lees arriba. Lo que igualas son encuentros con los nombres, y para eso la página tiene que dejarte mirar cada nota antes de tocarla, y tener abajo algo que merezca leerse.
Abre el Nocturno op. 9 nº 2 de Chopin, aunque todavía no lo toques. Mi bemol mayor, tres bemoles en la armadura: si, mi y la. Compás de 12/8, y la izquierda se pasa la pieza entera saltando de una nota grave sola al acorde que cae varias notas más arriba: hay algo que leer en los cuatro tiempos. Y esos tres bemoles están impresos también en el pentagrama de abajo, una línea más abajo que en el de arriba, porque la clave de fa cambia la altura de todo. Renombran las notas graves igual que las agudas: todos los si, todos los mis y todos los las, en las dos manos, en todas las octavas.
Para leer esta semana, el Minueto en sol mayor BWV Anh. 114, del Cuaderno de Ana Magdalena Bach. Un solo sostenido, fa sostenido, y una izquierda que es una línea melódica de verdad: anda, sube, baja y le contesta a la de arriba. Casi cada nota de abajo tiene un nombre distinto de la anterior, así que hay que leerlas todas, que es como se practica lectura y no digitación. Tócala sola, despacio, diciendo los nombres antes de bajar el dedo, y revísalo luego sin ayuda (cómo comprobar las notas cuando estudias solo).
Y después haz la cuenta. Diez minutos de mano izquierda sola al día son cinco horas al mes. La media hora que se lleva la derecha en cuanto estudias una pieza son quince horas en ese mismo mes. Con ese reparto, cada día de estudio la diferencia entre los dos mapas se ensancha veinte minutos. Cuenta tus minutos de esta semana, los de arriba y los de abajo, y tendrás tu propia cifra.
Escrito por quien hizo Notalune, la app de iOS para que un nombre olvidado no te pare en mitad de la sesión: fotografías tus propias partituras y los nombres aparecen sobre las notas. Los nombres aparecen también en el pentagrama de abajo, el que menos horas lleva encima, sobre tu propia página. Cuando no lo tiene claro, prefiere dejar la nota en blanco antes que adivinar. Y el día que quieras leer sin ayuda, un toque los esconde todos. Más guías en Aprender · dudas: support@notalune.com.