Notalune

Líneas adicionales: las notas que se salen del pentagrama

Una línea adicional es la línea siguiente del mismo pentagrama, dibujada solo del ancho que esa nota necesita. El pentagrama no siempre tuvo cinco líneas: el canto gregoriano se sigue imprimiendo en cuatro, y el número se fijó en cinco por razones de imprenta y por lo que el ojo abarca de una mirada, no porque la música se acabe ahí. La rayita adicional es el remiendo de ese recorte: la nota que se sale por arriba o por abajo se lleva la suya, y la página continúa igual.

Fuera del pentagrama

Fuera del pentagrama no cambia nada: la distancia entre línea y espacio es la de siempre y las siete notas siguen girando igual, do re mi fa sol la si y otra vez do. Lo distinto es el dibujo. Como cada rayita se traza solo del ancho de la nota que la pide, lo que aparece arriba y abajo son guiones sueltos flotando en el aire, y eso despista más de lo que parece. Lo de dentro, por orden, está en cómo se aprende a leer partituras.

Las primeras rayitas de cada extremo son las que más rinden: encima del pentagrama de la clave de sol, un la; debajo del pentagrama de la clave de fa, un mi. Con una cerca se deja de contar desde abajo y se mide desde la nota conocida más próxima, el método de recordar los nombres de las notas.

Yo tuve durante meses una tabla con todas las notas impresa y apoyada en el atril. La miraba sobre todo por las agudas, las que flotan sueltas encima del pentagrama, y por lo que llevaba alteraciones.

Cuando el editor ve venir cinco o seis rayitas seguidas cambia de táctica: imprime 8va y escribe las notas una octava más abajo, dentro del pentagrama otra vez. Lo hace pensando en todos: una torre de rayitas se lee mal también con cuarenta años de oficio.

Entre los dos pentagramas

Hay una nota que se escribe dos veces, una en cada pentagrama, con la misma tecla debajo de las dos: el do central lleva una línea adicional por debajo del pentagrama de la clave de sol y otra por encima del pentagrama de la clave de fa, de modo que los dos pentagramas, que parecen dos páginas independientes, quedan sujetos el uno al otro justo por ahí. La bisagra.

Es el punto donde las dos claves se tocan: desde él se mide hacia arriba en una y hacia abajo en la otra. Si la de abajo te suena todavía a idioma extranjero, va aparte: por qué cuesta tanto leer la clave de fa.

Y falta lo que la partitura no dice nunca: qué tecla es. Mira el grupo de dos teclas negras más cercano al centro del teclado; la blanca pegada a su izquierda es el do central. En un piano de 88 teclas es el cuarto do contando desde la izquierda. Ponle el pulgar encima una vez mientras miras su rayita en el papel.

Queda además una franja donde los dos pueden escribir lo mismo. El sol de encima del do central puede aparecer en la segunda línea del pentagrama de arriba, o colgado de tres rayitas sobre el de abajo si lo toca la izquierda, según lo que ensucie menos la página. Por eso una rayita sola no dice nada: dice una cosa u otra según la clave que tenga a la izquierda.

Debajo del pentagrama de abajo

De las líneas adicionales casi siempre se habla mirando hacia arriba, y la otra mitad está abajo. El Claro de luna de Beethoven, que en español comparte título con el de Debussy, es la sonata op. 27 nº 2: el primer movimiento lleva cuatro sostenidos en la armadura, do sostenido menor. Cada tresillo de la derecha arranca en un sol sostenido colgado de dos rayitas, compás tras compás; y la izquierda baja más, hasta octavas bajo el pentagrama de la clave de fa.

Ahí se cuenta hacia abajo, y vale la pena hacerlo despacio una vez. La línea de abajo de ese pentagrama es un sol. Debajo hay un espacio, fa. Luego la primera rayita, mi. Luego otro espacio, re. Y en la segunda rayita, do. Cuatro posiciones desde el borde y ya tienes el nombre. Es aritmética: sale igual aquí y en cualquier página que baje hasta ahí.

Estos nombres se escapan más que los de dentro por lo poco que aparecen, cosa que cuento en por qué se olvidan las notas que ya sabías. Contra eso la tabla del atril hace poco; sirve más nombrar la nota más grave y la más aguda de la página que vas a tocar esta noche.

A mí me sigue pasando que cuento. Cuento más rápido que antes, y casi siempre hacia abajo desde la nota de arriba en vez de hacia arriba desde el suelo del pentagrama, pero cuento.


Escrito por quien hizo Notalune, la app de iOS para que un nombre olvidado no te pare en mitad de la sesión: fotografías tus propias partituras y los nombres aparecen sobre las notas. Cuando la duda cae justo en esa nota que flota tres rayitas por encima del pentagrama, Notalune la nombra sobre la foto de tu propia página. Cuando no lo tiene claro, prefiere dejar la nota en blanco antes que adivinar. Y el día que quieras leer sin ayuda, un toque los esconde todos. Más guías en Aprender · dudas: support@notalune.com.