Notalune

Se me olvidan notas que la semana pasada sabía, ¿es normal?

Sí, es normal: se te borran las notas que menos veces has visto, y eso mide cuántas veces te has cruzado con ellas, no lo que tu cabeza aguanta. Compruébalo esta noche. Abre Para Elisa por la sección en fa mayor, la que entra cuando el tema de siempre ya ha sonado dos veces. La melodía sube y al final del segundo compás toca un si bemol. El compás siguiente arranca por encima del pentagrama, en el la de la primera línea adicional, y desde ahí baja seguido: la, sol, fa, mi, re, do. Ahí es donde te paras. Vuelve al principio y toca los ocho compases del tema: la nota más aguda es el mi del último espacio, y el mi no te para nunca.

Unas notas las ves cien veces y otras dos

Haz la cuenta en tu propia edición. El segundo sonido de la pieza ya es un re sostenido, y en el primer compás el mi y el re sostenido se persiguen; ese compás es el motivo con el que vuelve el tema cada vez que vuelve, así que en una sola pasada te cruzas con ese re sostenido ocho o diez veces sin haberlo buscado. Con el la de la línea adicional te cruzas una. Sus otras apariciones caen dentro de pasajes de fusas, donde los dedos pasan por encima y el ojo no llega a nombrarlo, así que no cuentan como encuentros. Y como cada tarde empiezas por el principio, la cuenta de la semana acaba en cientos contra unas pocas.

Con la cámara me pasa igual, y llevo veinte años con el mismo cuerpo. El diafragma y la compensación de exposición los muevo sin mirar, con el ojo en el visor, porque los toco en cada foto. La reducción de ruido en exposiciones largas está tres pantallas dentro del menú, y la busco entera cada vez, un submenú detrás de otro, de pie junto al trípode, con frío y con la escena esperando. La activo cuatro o cinco noches al año. Veinte años con esa cámara no son veinte años con ese ajuste: son cuatro noches al año. La mano sabe lo que ha repetido.

Por eso las zonas que se borran son siempre las mismas: las notas que quedan fuera del pentagrama, por arriba y por abajo, y la clave de fa entera, que además empieza más tarde y lleva muchísimas menos páginas encima que la mano derecha.

Pararse cuesta más que olvidar

Olvidar cuesta dos segundos. Lo caro empieza justo después. Te paras en ese la, y como no vas a seguir a ciegas, retrocedes al principio de la línea. De ahí, sin decidirlo, al principio de la pieza. Vuelves a tocar los ocho primeros compases, que salen solos, y en veinte minutos los has tocado nueve veces y a la sección en fa mayor has llegado dos. La nota que no sabías sigue sin saberse, y acabas de repartir otra ración de repeticiones justo donde ya sobraban. Soltar un nombre a ojo parece más barato, y tampoco lo es, pero ese precio lo cuenta entero la guía sobre cómo comprobar las notas cuando estudias solo.

Lo barato es mirar el nombre, decirlo y seguir desde donde estabas, sin devolver la pieza al compás uno.

Una nota olvidada solo pide otra vuelta

Que se te haya ido un nombre significa algo concreto: a esa nota le faltan pasadas. No se arregla con culpa, se arregla volviéndola a ver, y eso se puede repartir a mano.

Apunta cuáles se te van. Casi siempre son las mismas cinco o seis: ese la, dos o tres de la clave de fa, alguna con bemol. Verlas escritas en un papel cambia el asunto, porque una lista de seis notas se termina. Nadie lee de corrido porque la memoria le aguantara a la primera. Lee de corrido quien se cruzó con esas seis las veces que hacían falta.


Escrito por quien hizo Notalune, la app de iOS para que un nombre olvidado no te pare en mitad de la sesión: fotografías tus propias partituras y los nombres aparecen sobre las notas. Cuando un nombre se te va a mitad de compás, fotografías ese compás, lo compruebas en segundos y sigues tocando desde donde estabas. Cuando no lo tiene claro, prefiere dejar la nota en blanco antes que adivinar. Y el día que quieras leer sin ayuda, un toque los esconde todos. Más guías en Aprender · dudas: support@notalune.com.