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Cómo recordar los nombres de las notas

Los nombres se quedan cuando dejas de contarlos desde abajo y empiezas a medirlos desde dos o tres notas que reconoces sin pensar. Ya, pero a mí me enseñaron la retahíla y me funciona. Funciona, y conviene decir cuánto: en las primeras semanas es tu única ruta hasta un nombre correcto, y un nombre correcto que llega tarde vale mucho más que uno inventado. Recítala mientras esa sea tu situación. Lo que viene después es aritmética: hacia el octavo mes la mano derecha lleva ocho corcheas en un compás, cada una te cuesta el rodeo entero por la serie, y ocho rodeos no caben ahí dentro.

Recita la serie mientras te sirva

La serie es lo primero que te dan, y se recita en voz alta hasta que sale sola. En clave de sol, las líneas de abajo arriba: mi, sol, si, re, fa. Los espacios: fa, la, do, mi. En clave de fa, las líneas: sol, si, re, fa, la; los espacios: la, do, mi, sol. Cuatro retahílas, y son una herramienta de verdad mientras no tengas otra, porque siempre acaban dando el nombre bueno.

Lo caro es el camino. Para saber cómo se llama la cuarta línea empiezas por la primera y subes contando, y ese trayecto se repite entero en cada nota, incluso en la que leíste hace dos compases. La serie tampoco se cae sola con los meses: se cae el día en que otra cosa llega antes que ella. Úsala sin culpa esta semana, y más tiempo aún en la mano izquierda, donde más tardarás en tener esa otra cosa (por qué cuesta tanto leer la clave de fa).

Apóyate y mide

Un ancla es una nota cuyo nombre te llega sin ningún paso intermedio: la ves y ya está dicha, sin recitar y sin contar desde abajo. Dos cosas la convierten en ancla: que el papel te la señale o que te la cruces muchas veces al día en lo que tocas, y que desde ella se llegue a las demás en pocos pasos. Hacen falta pocas. Dos por pentagrama bastan, y con doce vuelves a tener una lista que memorizar.

La tercera, si la quieres, es el do central, que vive fuera del pentagrama y viene contado en líneas adicionales. Medir desde un ancla es contar posiciones, y van de una en una: línea, espacio, línea. Desde el sol de la clave de sol, el espacio de encima es la y la línea siguiente es si: dos movimientos cortos desde un punto seguro. Con eso tienes cualquier nota a dos o tres posiciones del ancla, y si queda más lejos, saltas a la siguiente. La serie te obliga a empezar siempre por la primera línea. El ancla te deja empezar cerca.

Deja que la pieza repita por ti

Un ancla se hace con encuentros: muchos, con la misma posición del papel, hasta que el nombre llega antes que la cuenta. Eso depende de la página. Pocas sirven para esto como el Preludio op. 28 nº 4 en mi menor de Chopin. Lleva un solo sostenido en la armadura, fa sostenido. La derecha repite y sostiene un si mientras los acordes de la izquierda bajan cambiando poquísimo de uno al siguiente. Y va tan despacio que da tiempo a mirar los nombres antes de tocarlos, que es lo que ninguna pieza rápida te deja hacer.

Como esos acordes vuelven una y otra vez sobre el mismo puñado de nombres graves, en dos páginas te los cruzas decenas de veces sin hacer un solo ejercicio. Por eso el trabajo de lectura vive dentro de música que quieras tocar: las frecuentes se resuelven de tanto encontrártelas, y las raras se te siguen borrando (por qué se olvidan las notas que ya sabías). Di los nombres en voz alta según aparezcan y vuelve luego al mismo compás sin ayuda encima (cómo comprobar las notas cuando estudias solo). El método completo está en cómo se aprende a leer partituras.

Dilos ahora, en voz alta

Sin volver a subir a mirarlos: di en voz alta los nombres de las cinco líneas de la clave de fa, de abajo arriba y en orden. Hay una sola respuesta correcta. El nombre en el que te quedes en blanco no está aprendido, y lo que le falta son encuentros, que no ocurren en esta página. Ocurren en la que tengas esta noche en el atril.


Escrito por quien hizo Notalune, la app de iOS para que un nombre olvidado no te pare en mitad de la sesión: fotografías tus propias partituras y los nombres aparecen sobre las notas. Así, los encuentros que convierten una nota en ancla ocurren dentro de la pieza que estás tocando, en el compás donde te has parado. Cuando no lo tiene claro, prefiere dejar la nota en blanco antes que adivinar. Y el día que quieras leer sin ayuda, un toque los esconde todos. Más guías en Aprender · dudas: support@notalune.com.